Osaka Station, Japón. Foto: @sebasvelasquezg

Para todos aquellos que estamos inmersos en el mundo de la movilidad y el desarrollo urbano, existe un hecho innegable que estamos viviendo hoy: la revolución de la movilidad tal y como la conocíamos durante los últimos 100 años.

En este periodo experimentamos la masificación del automóvil como alternativa de transporte privado, desarrollamos sistemas de transporte público basados en buses y modos férreos, construimos las grandes autopistas bajo la perspectiva de planeación del ‘predecir y proveer’ donde la oferta debía incrementarse respecto a la tendencia de la demanda, y tuvimos un sector centralizado en las decisiones de las entidades públicas vinculadas. Pero hoy, tras casi dos décadas recorridas del Siglo XXI, estamos viendo la acelerada transformación de estos modelos.

Dentro de la discusión de las causas que están impulsando esta transformación se pueden encontrar muchas alternativas: los avances tecnológicos de las últimas décadas (como los vehículos eléctricos), la globalización que ha permitido la transferencia de conocimiento y experiencias, la conversión de un mundo mayoritariamente de población rural a urbana, entre muchas otras. Pero las más relevantes, en mi opinión, son las derivadas de los avances en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Es tan cierto esto, que el Banco Mundial “… considera que las tecnologías digitales representan una oportunidad trascendental para el desarrollo sostenible…”.  Por tal motivo, el Banco estableció en 2016 la Alianza para el Desarrollo Digital (DDP, por sus siglas en inglés), como “una plataforma de innovación digital y financiamiento del desarrollo”[1].

Ahora, la aplicación de estas tecnologías, y otras más bajo la llamada Revolución 4.0, están llevando a converger al mundo físico y el digital al punto en que se modificarán radicalmente las formas como interactuamos los seres humanos, entre nosotros y con el entorno, donde la Movilidad no está siendo ajena a este proceso. Para entender el porqué de esto último, es necesario que retomemos primero la naturaleza de la necesidad de transportarnos.

Todas las actividades humanas exigen el movimiento de algo – una persona, un bien, un dato – ya sea un traslado físico o virtual. Por esta razón, debemos entender la necesidad de movernos como una demanda derivada, algo que consumimos ligado a la demanda de otros bienes o servicios como estudiar, comer, visitar la familia, ir al cine, deshacernos de los desechos del hogar, etc.

Esta condición particular de la movilidad hace que la utilidad o el valor que nos aporta no se vea reflejado en su consumo en sí, sino en la incidencia que tenga sobre lo que esperamos obtener de las actividades que realizaremos al otro lado del viaje. Por ello, todos buscamos maximizar nuestros beneficios al minimizar el consumo de transporte o al explotar de mejor manera el tiempo que dedicamos cuando hacemos uso de este, por ejemplo, leyendo un libro o adelantando trabajo mientras viajamos, dado que el transporte termina siendo un gasto más asociado a alguna necesidad que tenemos.

Esta naturaleza de la movilidad explica en parte la transformación que estamos viviendo hoy. Las ciudades están reconvirtiendo su vocación económica, pasando de ser industriales a ser más de servicios, lo que implica cambios relevantes en los patrones de consumo de la población, y, por ende, en sus demandas de transporte. Anteriormente eran muy marcadas las características de los viajes, tanto en tiempo como en espacio. Teníamos una gran cantidad de población trasladándose en periodos picos de la mañana y la tarde (coincidentes con la entrada y salida del trabajo o el estudio), hacia y desde las zonas donde se concentraban las actividades económicas (usualmente el centro de la ciudad). Por ello, era posible proveer sistemas de transporte de alta capacidad que atendieran esas demandas pendulares (mismo trayecto, pero cargados en un sentido u otro según el periodo del día). Nuestra realidad actual es muy diferente, haciendo más difícil el satisfacer adecuadamente las demandas de transporte.

La proliferación de servicios de distinta índole (ocio, cultura, educación y demás) y los cambios en las dinámicas sociales están generando una atomización de las características de las necesidades de transporte de cada usuario. Nuevos polos generadores de viajes, una porción importante de traslados en periodos valles, la multiplicación de los propósitos de viaje, entre otros elementos, generan escenarios más complejos de movilidad donde las demandas insatisfechas o nuevos tipos de demandas (como los servicios de domicilios o mensajería personal) hacen que los usuarios busquen nuevos esquemas para satisfacerlas.

Este escenario, sumado a la masificación de las TIC, principalmente la telefonía móvil inteligente, propician un ecosistema totalmente distinto al que veníamos teniendo para la movilidad. Tenemos, por un lado, unos usuarios cuyas necesidades difieren de persona a persona y que buscan satisfacer cada vez más esas particularidades. Por el otro, tenemos medios tecnológicos que facilitan la conexión entre actores, situación que está siendo aprovechada por emprendedores para generar nuevas oportunidades de negocio, lo que es natural ante la presencia de demandas insatisfechas. Uber, Didi, Cabify, los sistemas de bicicletas y carros compartidos, Rappi, Grin, entre otros casos, son ejemplos actuales de esta realidad.

Es así como surge el concepto actual de Movilidad como Servicio (MaaS, por sus siglas en inglés), donde el sector privado, principalmente, está generando nuevos modelos bajo los cuales busca llenar esos vacíos que las nuevas dinámicas socioeconómicas y culturales están generando y que los sistemas de movilidad vigentes no están llenando. Para evidenciar esto, según McKinsey’s Start-up and Investment Landscape Analysis (SILA)[2]: “… desde 2010, más de 1.000 compañías que persiguen en los vehículos la autonomía, la conectividad, la electrificación y el compartir (ACES), han recibido más de $210 mil millones de dólares en inversión externa”.

Así mismo, la tecnología está contribuyendo a la implementación del concepto de Seamless Mobility (movilidad sin costuras) que busca facilitar a los usuarios el uso de diferentes opciones de transporte dentro de un mismo viaje, eliminando o reduciendo barreras, tanto físicas como económicas o virtuales, como son la coordinación de tiempos entre los servicios o el pago por cada uno de ellos. Actualmente, Helsinki es un ejemplo por seguir bajo este concepto (sugiero conocer su App Whim).

Muchas cosas de las expuestas anteriormente las profundizaré en futuras publicaciones. Lo relevante en esta revisión general es entender que el marco de la movilidad del Siglo XXI ya es muy distinto a lo que teníamos y que los cambios que se vienen serán aún más radicales. La predominancia del sector público en la definición de la oferta de transporte en una ciudad está diluyéndose con la entrada de nuevos actores que están complementando los sistemas de movilidad. Adicionalmente, los usuarios no renuncian a su libertad de elección y adoptan casi que inmediatamente esas nuevas alternativas para transportarse.

Esta revolución – que está dando sus primeros pasos, aunque son agigantados – exige que todos los involucrados nos situemos en este nuevo contexto y repensemos la movilidad hacia el futuro. Existen tanto oportunidades como amenazas que deberán revisarse para garantizar que seguíamos un camino adecuado, donde no cerremos la puerta a modelos que pueden resultar más convenientes que los tradicionales, pero que a su vez se mitiguen los posibles efectos no deseados. Estamos ante una ventana muy importante de generar sinergias entre todos los avances y las tendencias que el mundo está produciendo para así consolidar sistemas de movilidad que garanticen la calidad de vida y el desarrollo sostenible de nuestros territorios. Requerimos entonces una discusión abierta y permanente para redefinir los paradigmas que seguiremos durante los años que vienen.

[1] Para mayor información pueden visitar https://www.bancomundial.org/es/topic/digitaldevelopment/overview#2

[2] Para conocer más ver https://www.mckinsey.com/industries/automotive-and-assembly/our-insights/snapshots-of-the-global-mobility-revolution