Estación Tranvía Berlín, Alemania. Foto: @sebasvelasquezg

Las características básicas de un mercado pueden definirse a partir de lo que el consumidor busca y lo que el prestador oferta. En el caso de la movilidad, tradicionalmente se han usado diferentes metodologías para diagnosticar los patrones de viajes de los usuarios (demanda) y para evaluar el potencial efecto que tendrían algunas intervenciones o proyectos (oferta).

Sin embargo, la gran cantidad de variables que intervienen en el proceso de decisión de los viajeros, sumado a entornos urbanos que se transforman día a día, limitan la pertinencia de la planeación de la movilidad al buen o mal entendimiento que la información disponible lo permita. Lo anterior exige que debamos innovar cada vez más en la forma como logramos caracterizar los deseos y necesidades de los usuarios, en pro de ofertar los servicios que mejor se ajusten a éstos, o, como se requiere en muchos casos, inducir a la toma de decisiones que son más convenientes para la ciudad.

En últimas, el reto está en superar la asimetría de información que hay para los dos actores relevantes del sector. Los usuarios deciden no solo con base en sus limitaciones físicas y económicas, sino también respecto a las alternativas que conocen; su nivel de accesibilidad cognitiva del sistema. Los prestadores de servicio (o sus reguladores) ofertan de acuerdo con una segmentación del consumidor, desconociendo en muchos casos factores que pueden ser relevantes en la selección por parte del consumidor. Se obtiene entonces un sistema ineficiente en el cual los viajeros no optan por las opciones más apropiadas y los servicios prestados pueden diferir de las expectativas de los usuarios.

Todo lo anterior está cambiando gracias a que estamos avanzando en la consolidación de un modelo de desarrollo basado en datos (data-driven development), como lo manifiesta el Banco Mundial (2018): “Cerca del 90% de los datos existentes hoy fueron creados en los dos últimos años… incluso industrias tradicionales como la petrolera, la manufactura de automóviles y los servicios financieros, se están convirtiendo a basadas en datos”.

Es muy fácil de deducir cuáles son los beneficios de este esquema de desarrollo aplicado a la movilidad. Como el mismo Banco lo declara, los beneficios parten de que los usuarios puedan tomar mejores decisiones al estar mejor informados, además de gozar de formas más convenientes de interactuar con las entidades mientras tienen un mutuo intercambio de información. Ese flujo constante de datos entre las partes permite que cada actor ejerza mejor su función, logrando así un mayor encaje entre oferta y demanda.

Ahora, es importante señalar los distintos actores que se requieren para que este desarrollo tenga impacto sobre la movilidad. La propuesta conceptual de Mckinsey Global Institute, que define los tres actores principales en un mundo basado en datos, facilita esta comprensión:

Generadores y colectores de datos:acá se encuentra cada uno de nosotros como usuarios generadores, gracias al uso de aplicaciones de los colectores tales como Waze, Uber, Google Maps, Strava, INRIX, entre otras. En una generación básica, compartimos datos de localización, ruta, horarios y modo de transporte. En otras plataformas podemos compartir tarifas, tiempo de permanencia en estacionamientos, estados del servicio, condiciones de infraestructura, ocurrencia de incidentes, etc. En una versión más avanzada, podríamos estar transmitiendo datos sobre variables latentes como la sensación de comodidad o seguridad, satisfacción con el servicio o reacción ante la marca, si evaluamos los comentarios de los usuarios en redes sociales.

Agregadores de datos: son entidades, procesos o plataformas que combinan datos provenientes de distintas fuentes. En este caso, son interesantes las herramientas de código abierto (Open-source) que está promoviendo el Banco Mundial, que facilitan la colección y agregación de datos de transporte y su utilización para planeación de sistemas: OPEN TRANSIT INDICATORS, RoadLab-Pro y DRIVER. También ese interesante la App MyTransport.SG de Singapur.

Analistas de datos: el rol clave de los tres, pues antes de su intervención, los datos son solo commodities. En este rol se juntan las herramientas analíticas y el conocimiento del negocio para generar información con valor para sus usuarios. Es vital contar con un entendimiento profundo de la movilidad, para lograr traducir los datos procesados en información que responda a las necesidades de los viajeros, los planificadores y todo aquel actor que pueda aprovechar la misma.

Valga aclarar que un mismo actor puede desempañar dos o los tres roles. Sin embargo, con el avance de la Ciencia de Datos, la Inteligencia Artificial y otras tecnologías, las oportunidades más grandes para generar valor y desarrollar nuevos modelos de negocio y movilidad, está en la analítica de los datos. Hoy contamos con muchas propuestas interesantes, quedando todavía mucho camino por recorrer y temas por regular, como la propiedad y privacidad de los datos. De todas formas, la convergencia de las TIC y el transporte está creando nuevos espacios para que los promotores de soluciones de movilidad vayamos más allá de los modelos tradicionales y logremos innovar la forma como nuestras ciudades se mueven.